4. Rubén Esteban Reyes Urra

Relato basado en los testimonios de su madre María Teresa y su padre David

Rubén Esteban Reyes Urra

Rubén Esteban Reyes Urra

David sonríe. Su hijo Rubén se ha convertido en todo un hombre, al igual que
su gemelo Benjamín. Ambos son uno solo, excelentes muchachos, pero han debido
separarse por el servicio militar. Aun cuando lo iniciaron juntos, Benjamín se ha
licenciado dos meses antes.
-Papá, présteme plata para comprar un rollo de fotos. Disculpe, pero algún día
le devolveré todo lo que me ha tenido que prestar. Es que nos vamos a Los Barros esta
semana y quiero tomar unas fotos, porque no pienso volver más a ese lugar.
Rubén andaba más contento que de costumbre, porque sabía que a finales de
ese mes de mayo, por fin se licenciaría del servicio. Es más, de regreso de la campaña en
Los Barros, ya tendría sus últimos días para liberarse de aquel suplicio. David lo sabía,
porque pese a que los gemelos no acostumbraban a quejarse, no lo habían pasado bien
en la instrucción obligatoria y que eso mismo retrasó injustamente el egreso de Rubén,
quien habría tenido un problema con un superior que lo obligó a quedarse hasta fines
de ese mes. Mayo se había convertido entonces en el último periodo de la conscripción
y esa perspectiva tenía esperanzado no sólo a Rubén, sino también a sus padres.
Es que ninguno de los gemelos quería cumplir con la instrucción militar.
Ambos con alma de artistas, gozaban con la música y la actuación, pero junto con
ello, mantenían un excelente rendimiento académico. La práctica de administración de
empresas, especialidad que habían seguido en el Liceo Nuevo Mundo de Mulchén, la
habían aprobado ambos con la máxima calificación.
Ya a fines de ese año, el 2003, optaron por irse a trabajar “en la fruta” a
Pichilemu. La idea era juntar dinero para ingresar a la universidad o a estudiar
marketing. Desde que nacieron se proyectaron siempre en conjunto: la pareja de
gemelos se complementaba a la perfección, por lo que ambos fueron a cumplir con
el trámite de inscribirse para el servicio militar. No tenían ningún interés, pero era
obligatorio, así es que lo hicieron confiados en que a la hora de presentarse contarían
con toda la documentación necesaria para “sacarse” el servicio. No podían darse el lujo
de perder un año en algo que no les gustaba ni pretendían seguir a futuro, porque lo de
ellos era el estudio.
Las cosas se presentaron raras desde un principio. Estando en Pichilemu
llamaron a su papá para preguntarle si salían en las listas de los seleccionados al
servicio, pero no estaban. Así es que David les dijo que se quedaran tranquilos. Pero a
los pocos días recibieron dos cartas certificadas, una para cada gemelo, con las citaciones
correspondientes. Debían presentarse urgente en la unidad de Los Ángeles, porque
estaban siendo considerados remisos y pasarían a la Fiscalía Militar. Más tarde su
padre recordaría que éste fue el preciso momento en que cambió la vida de los gemelos
y con ello, para siempre la de toda la familia.

Vivían en Villa La Granja de Mulchén. David era pastor de la Corporación
Americana Iglesia Cristiana Gloria de Dios y a ello dedicaba su vida. Su esposa, María
Teresa siempre lo acompañaba en todo y juntos habían creado una familia muy unida.
Tenían seis hijos, cinco varones y una niña. En medio de ellos estaba la pareja de
gemelos, quienes llegaron a sus vidas en marzo de 1985.
Con esa familia, la casa era un alegre desorden infantil. Y con el paso del tiempo
se transformó en una colorida mesa en que se reunían todos. Muchas veces no podían
comer de tanto reírse, sobre todo con el ingenio y las bromas que se hacían los gemelos.
La vida era económicamente difícil, como siempre, pero entre todos daban gracias por
la bendición que implicaba estar unidos.
Desde entonces, los gemelos andaban para todos lados juntos y les sucedían
cosas “extrañas” por su condición genética. Lo más gracioso era cuando la misma familia
los confundía, porque eran idénticos en físico y similares en carácter. Incluso, hasta una
doctora los confundió y terminó inyectando a Benjamín, cuando el enfermo era Rubén.
Esto, porque luego de la revisión de rigor, salieron de la consulta de la especialista y
cuando los llamó para pinchar a Rubén, éste comenzó a decir que era Benjamín, ante la
sorprendida mirada de su gemelo, que obviamente negó ser el enfermo.
La anécdota era muy recordada, al igual que aquella vez cuando tenían cuatro
años y Benjamín fue trasladado de urgencia hasta el hospital de Temuco, por las
molestias que le provocaba una hernia inguinal que se mezcló con una apendicitis. Las
dos operaciones se realizarían juntas. Lo extraño vino a la hora de la anestesia, porque
mientras inyectaban a Benjamín en el quirófano, Rubén se desvanecía exactamente a la
misma hora en su casa. Cayó inconsciente sin motivo aparente. Luego sus padres dieron
con la causa del desvanecimiento: el nexo entre ambos era tan fuerte, que llegaba a ser
físico.
Por esto, no fue raro cuando años más tarde, a Benjamín la angustia le abrumó
el corazón. Su hermano estaba en la cordillera en su última campaña. Benjamín nunca se
sintió de esa manera: Rubén lo llamaba insistentemente y él no hallaba qué hacer. Lloró
de angustia y desazón. Quiso orar, como su padre les decía que hicieran en momentos
como éste, pero el ruego no calmó su alma. Era la mañana del miércoles 18 de mayo y
hacía un frío espantoso en Mulchén. El frío también llegó a él, nunca antes lo sintió con
tal intensidad. Como si entrara en una especie de letargo, Benjamín tuvo la necesidad
urgente de recostarse a descansar, pero la voz de su gemelo no lo dejaba en paz. La
angustia colmaba su alma y de pronto, en medio de los sollozos que precedieron su
sueño, supo que algo malo había ocurrido. Rubén dejó de hablarle y, como nunca antes
en su vida, se sintió completamente solo.
Con un grito ahogado y temblando de frío y miedo, Benjamín se durmió,
mientras su hermano también lo hacía, pero para no volver a despertar.
Pensó que se trataba de una feroz pesadilla, no obstante, el menor de los
gemelos anduvo con una rara sensación durante todo el día, la que se acrecentó hasta
llegar al dolor físico. Cuando esa misma noche se enteró por la televisión que había
cinco soldados con hipotermia en la cordillera de Antuco, una punzada le vino en medio
del estómago. Disimuló para no asustar a su madre, quien le contó algunas noticias que
tenían luego que la polola de Rubén llamara al regimiento.
-Hijo no te preocupes, sabes que llamó Yeny al regimiento y le dijeron que no
se asustara, porque los soldados antiguos estaban en el Refugio de Los Barros.
No creyó lo que le decían y sabía que su madre tampoco estaba tranquila. Para
peor, su padre estaba en Santiago trabajando en la construcción de una línea del metro.
Debían aguardar hasta el día siguiente a que regresara para ir al regimiento.
Finalmente tuvieron que esperar hasta el viernes, porque el pastor David no
encontraba pasajes para regresar. La llegada del fin de semana largo tenía a los buses
con su capacidad totalmente llena.
La mala noticia vino prácticamente sin anestesia. Al momento de arribar al
gimnasio militar desde Santiago, David supo casi de inmediato que su hijo estaba
muerto. Se lo dijo un cabo.
-¿Su hijo era antiguo o de los nuevos?
-Antiguo, estaba en el rancho. Se llama Rubén Reyes.
-¡Ah! ¿Usted es pastor cierto?
-Sí.
-Bueno, usted puede recibir la noticia con más calma, quizás tenga más
resignación ante lo que le voy a decir: su hijo está muerto.
María Teresa escuchó la conversación y quedó pasmada. Una sensación de
irrealidad pasó por ella. Tenía que haber una equivocación. Su hijo, el mayor de sus
gemelos, no podía estar muerto. Seguro había una confusión por los nombres.
-Esposa, hay que prepararse, parece que lo peor nos ocurrió.
Con una voz que sonaba más a incredulidad que a la fatalidad que anunciaba,
David le había hablado mientras la miraba atónito y pálido como ella nunca lo había
visto. El pastor que animaba siempre a la comunidad religiosa se estaba derrumbando,
mientras trataba de descifrar lo que estaba ocurriendo. Parecía hasta más viejo. No
podía creerlo. No, seguro que Rubén se escondió en alguna parte a capear la tormenta, se metió
debajo de alguna roca. No puede haberle pasado algo malo ahora que justo se iba a licenciar
del servicio. No, no le puede haber pasado algo a él que tiene un hermano gemelo con quien
comparte desde siempre la vida.
La realidad azotó al pastor cuando vio entrar al general Cheyre hasta el casino,
donde habían llevado a las 45 familias de los soldados desaparecidos.
-No quiero dar falsas esperanzas. Sólo un milagro tendría a sus hijos con
vida.
Acostumbrado a hablar de milagros, el pastor se sintió acongojado a la espera
de que uno de ellos se concretara. Tal vez su Dios le tenía preparada alguna sorpresa,
pero quizás fuera mejor no aferrar a la familia a una esperanza, que de real tenía muy
poco. Rubén estaba muerto, lo había dicho el general Cheyre, y al comunicarle la mala
nueva al resto de sus hijos, cada uno se fue a un rincón del gimnasio militar a llorar la
pérdida del hermano. La familia estaba destrozada.

Con el paso de esos sombríos días, al pastor le fueron comunicados los
“beneficios” económicos que tendría por el fallecimiento de su hijo. Su piel se estremecía
en la medida que iba conociéndolos en detalle y su mente, perdida en los recuerdos, se
situó en una de las reuniones de su iglesia. Creyó saber entonces que increíblemente Rubén había cumplido con su más anhelado sueño y en ese momento su corazón de
padre se quebrantó.
Recordó una prédica en la iglesia, dirigida a los jóvenes que estaban en esa
reunión, en la que citaba la Biblia y la palabra de Jehová de “ser como los que sueñan”.
Entonces, el pastor les preguntó a los jóvenes que cómo pensaban que eran las personas
que sueñan en su vida y ellos respondieron que son los que construyen sin limitaciones.
Les consultó por los sueños que tenían. Todos respondieron, incluyendo a Benjamín y
a su otro hijo Ricardo. Era el turno de Rubén.
-Pastor, mi mayor sueño es ser el sustento de mi hogar y de la obra de Dios.
Con este recuerdo en su mente, David se conmovió al sentir que la abrupta
partida de su hijo era la forma como lo cumplía. En este momento, que sintió que había
encontrado una súbita respuesta a lo ocurrido, el pastor no aguantó más y rompió a
llorar. De haber sabido que las cosas sucederían de esta manera, mil veces hubiese
preferido que Rubén no cumpliera, por lo menos no de esta forma, con su anhelo.
Una sensación de ironía pesa sobre la muerte de Rubén, como si el juego no
hubiera sido del todo honesto. Pero como buen hombre religioso, David se ha esmerado
en encontrarle algún sentido, en hallar la huella divina a los errores humanos. Pero
era inevitable pensar, sobre todo al principio, que la vida no podía haberles jugado una
tan mala pasada: Rubén era soldado antiguo, estaba a punto de egresar del servicio,
ni siquiera debía haber marchado ni haber estado allí, porque él no cumplía con su
periodo de instrucción de montaña. Él había ido para servir en el rancho al resto de los
soldados.
Para David fue imposible no recordar estas circunstancias una y otra vez,
durante esos eternos diez días que tardaron en encontrarlo y traerlo de vuelta a casa;
en esos días en que María Teresa lo único que hacía era orar para que lo encontrasen
pronto, porque temía por el cuerpo de su hijo. Mientras su alma de madre albergaba
escalofriantes pensamientos, el padre recordaba las circunstancias que habían llevado a
que Rubén terminara así. Los gemelos nunca tuvieron chance de presentar sus papeles
para no hacer el servicio militar, porque cuando los citaron, ya estaban a punto de
ser considerados remisos. Y luego, Rubén tuvo una diferencia con un oficial, quien le
señaló que no se hiciera ilusiones, porque tendría que quedarse en el servicio hasta
mayo. Inevitable pensar en que, si hubiese salido al mismo tiempo que el menor de los
gemelos, el mayor no habría muerto en la marcha.
Antes, el pastor ya les había dicho que él podría ir a reclamar porque sabía que
sus hijos le ocultaban las cosas que pasaban en el servicio, pero ellos le respondieron:
“No viejito, porque usted se viene, pero somos nosotros los que quedamos allá en
el regimiento”. La frase era mucho más elocuente que cualquier cosa que ellos le
hubieran relatado y mostraba la forma cómo lo pasaban sus hijos. Por esto, para David
el ejército debía ser voluntario, porque así como los gemelos, hay otros jóvenes que
no tienen interés en convertirse en militares. Además, aún le parece increíble que esta
obligatoriedad siga siendo sólo para quienes tienen menos recursos.
Hay muchas cosas que todavía no logra comprender. Por ejemplo, no entiende
cómo pudo llamarse a los soldados “héroes” si la muerte que tuvieron no fue resultado
de ninguna gesta ni batalla.
Por otro lado, tampoco comprende que se solicite cárcel perpetua para Cereceda en nombre de los derechos humanos. “¿Y qué ocurre con los derechos de los hijos de Cereceda, que no son culpables de nada?
¿Por qué tendrían que cargar con el peor error de su vida?
Se cometió un error, pero para eso está la justicia que hacen los hombres en la tierra
y la del Todopoderoso en los cielos”.
Como familia creyente, debían ser coherentes con lo que sentían y predicaban.
Esto influyó para que el matrimonio dejara de lado cualquier odio que pudo haber
sentido. María Teresa sólo albergó dolor en su corazón, pero como madre, le quedaban
otros cinco hijos por los que salir adelante. Y al pastor su dolor se mezcló con la
impotencia, ambas sensaciones que buscó transmutar con el tiempo y con el férreo
anhelo que el servicio militar se transformara en voluntario. Luego de todo lo vivido
por sus hijos, el fin de la obligatoriedad en la instrucción para jóvenes es lejos el mejor
homenaje que pueden recibir y la mejor lección que se puede extraer de todo el dolor
sufrido después de la brusca partida de su hijo Rubén.

3 comentarios en “4. Rubén Esteban Reyes Urra

  1. Hermano Ruben.
    Quiero que sepas que siepre me acuerdo de ti, fuiste un gran amigo y compañero, no tengo recuerdos claros pero si se que eramos muy unidos junto con victor moreno, de hecho recuerdo que solo nos juntabamos los 3 por la lealtad que generamos, lo que si recuerdo era tu alegria y simpatia tambien recuerdo en los lios que nos metiamos aunque tu eras el mejor portado de los 3, tambien recuerdo que fumabamos como locos y mientras capeabamos conversabamos horas de nuestras vidas y de lo que ibamos a hacer cuando salieramos.
    Yo me liciense en diciembre afortunadamente, y me fuia a vivir a santiago, aya fue donde me entere de tu ida amigo mio, fue muy doloroso para mi ya que yo sabia como era todo adentro.
    Me permiti escribir aca porque se que fuimos amigos, de esos de verdad.
    Adios amigo Reyes, siempre estaras en mis recuerdos y en mi corazon

    Le gusta a 1 persona

  2. Me hizo recordar mucho esta página, alguna vez vi a mi vieja con este libro, (que reconozco nunca leí) pero no sabía que también estaba el sitio web… En honor a la verdad mucho de lo que está acá es verdadero, con algunas suposiciones e interpretaciones (no distinto de lo que haría cualquier escritor), en especial -por lo menos de lo que quisiera comentar-, la parte donde se señala que Rubén “llamaba a su hermano” (o que lo dejo de llamar) y que “Benjamín pensó en orar como le había enseñado su padre”… por esos años Benjamín estaba muy separado de Dios… más bien, fue una cosa inexplicable de esas que difícilmente puedes otorgarle sentido habiéndolo vivido, inclusive con conocimientos del funcionamiento psicológico de las personas… Aunque claramente tiene muchas explicaciones desde otros marcos epistemológicos (“menos ortodoxos”) ….

    El historiador ateniense Tucídides decía que “La historia es un incesante volver a empezar”. No puedo estar más de acuerdo con él. Eso es lo que tuvieron que hacer las familias de los fallecidos en Antuco, aunque sigue el recuerdo, también sigue la vida con su mezcla particular de dolor, tormento y tristezas, pero también con su belleza, encanto, esperanza y amor.

    De esta tragedia lamento -como no- muchas cosas… muchas cosas que se fueron para no volver sino solo a través de un mítico recuerdo…, pero hay todavía otra cosa que se fue, algo que francamente se perdió en el transcurso de esa marcha, me refiero a la justicia, y no!!, no crean que es un comentario rencoroso o populista, es la simple constatación de la realidad. René de Chateaubriand decía que la justicia es el pan del pueblo… y Jesús, el sabio mesías, decía que eran felices los que tenían hambre y sed de ella…y yo sigo hambriento…, pero paciente, tranquilo pensando que es peor cometer una injusticia que padecerla, pues quien la comete se convierte en injusto mientras que el que la padece no…más aún, porque sé que nuestra justicia es solo una sombra de aquella que obtendremos algún día…

    (… casi todos los acusados responsables por esta tragedia no solo no cumplieron penas de cárcel, sino que además continuaron sus carreras militares, el único condenado a cumplir pena de cárcel, el comandante del Batallón -por ese entonces- , Patricio Cereceda cumplió solo 3 años y los cumplió en el penal de Punta Peuco (la cárcel que existe en Chile para la élite militar))

    Pese a lo dicho, y para que conste al lector… Yo hace muchos años perdoné a estas personas… no guardo rencor respecto de nada de aquellos años… ni la pena de haberme reservado palabras de afecto hacia Rubén…Al contrario agradezco haberlo conocido y haber compartido con él tantos años felices…

    Un saludo cordial a todas y a todos los familiares y amigos de “las familias de Antuco”.

    Benjamín Gerardo Reyes Urra.
    Hijo, Hermano, Esposo, Padre, Psicólogo y Profesor.

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  3. amigo ruben, siempre te llevare en mi corazon porque vivimos momentos inolvidables compartiendo hasta los cigarros recuerdo que para mi cumpleaños me toco imaginaria y tu mi amiguito me ofrecistes hacer la imaginaria por mi, te dije que no, pero si querias me podria acompañar y el saco un pan amasado de su casillero como si fuera un pastel lo compartimos simbolicamente fue una de las tantas situaciones que senti su apoyo y compañia, pero lo que mas me quedara en mi mente fue cuando fuimos al regimiento de osorno a realizar un curso de panaderia y pasteleria y nos aventuramos a conocer pto montt solo con 2 lukas cada uno y haciendo dedo llegamos y dormimos en los brazos de el monumento a la cancion sentados frente al mar y llovia torrencialmente amigo mio se que me cuidas desde el cielo lo puedo sentir cada vez que voy a mulcheny te dejo tus flores
    amigo mio hasta siempre.

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