Antuco, 45 voces de una tragedia

Al conmemorarse una década desde que 45 soldados fallecieran en la cordillera del Bío Bío elaboré este sitio para recordarlos a través del testimonio de sus madres y padres, recopilados en el libro «Antuco: 45 voces de una tragedia». No sabía que con el paso de los años y cada cierto tiempo, alguna persona removida por el recuerdo y las imágenes, dejaría aquí sus propias palabras comentando lo que vivió y aún siente.

Ya pasaron 20 años desde ese mayo y agradezco enormemente cada uno de los comentarios que han dejado quienes han leído en este espacio. Sus palabras constituyen la evidencia de cómo el recuerdo sigue vivo y nos sigue instando a reflexionar, expresar y narrar lo que sentimos.

En el contexto de este aniversario y con el prisma que dan las dos décadas, escribí un artículo para el Diario La Tribuna:

Más que soldados, las historias de los 45 de Antuco

¿Héroes o mártires? Estos sustantivos tal vez gusten o molesten a quienes conozcan los hechos de hace dos décadas. Porque al releer sus historias se evidencia que llamarlos así puede ser una forma muy simplista de categorizar a estos jóvenes que recién terminaban su adolescencia y buscaban iniciar un camino hacia la vida adulta.

Para una gran mayoría de ellos el servicio militar era el primer paso hacia un trabajo estable y definitivo; para otros, una forma de disciplinarse y de cumplir con un mandato obligatorio. Independiente de cual hubiese sido su motivación, lo cierto es que 42 jóvenes fallecieron y pasaron de inmediato a la historia bajo la categoría de “soldados”, pese a que solo llevaban cuarenta días de instrucción militar y 18 años fuera de ella. Quizás esta denominación podría ser más atingente para las otras tres personas fallecidas: dos jóvenes a quienes les faltaba menos de un mes para salir licenciados y un adulto, con más de veinte años de servicio en la institución.

De distintos orígenes, caracteres y lugares, a todos ellos los encontró el mismo destino un miércoles de mayo a los pies de un volcán, en medio de una tormenta con ropa delgada, sin descanso ni preparación adecuada y con una muy pobre alimentación para lo que vendría.

¿Quiénes fueron estos jóvenes? Les compartiremos una breve reseña a partir del libro Antuco, 45 voces de una tragedia, de la periodista Pilar Zapata Coloma. Dicho texto cuenta con testimonios recopilados durante el primer año de los fallecimientos y la mayor parte corresponde a los relatos de las madres, aunque también hay de algunos padres; hermanas y hermanos; tíos y tías. Gracias a que estas familias lograron sobreponerse a la enorme angustia y pudieron poner en palabras su dolor abrumador, es que hoy podemos vislumbrar parte de lo que fueron las historias de los 45.

Puedes leerlo completo en la edición especial de La Tribuna por los 20 años, pinchando aquí 

Un comentario en “Antuco, 45 voces de una tragedia

  1. Como olvidar a aquel muchacho que lleno de iluciones piso por primera vez el viejo cuartel del Regimiento Los Angeles integrando el contingente de Enero de 1980 de la Compañia de Ingenieros y su primera campaña en el sector del cerro Montenegro donde recibuo sus primeras instrucciones como soldado combatiente individual y su retorno al cuartel por entre los cerros justo un 20 de Enero dia de San Sebastian bajo una torrencial lluvia que nos acompaño hasta el cuartel mismo como olvidar sus primeros pasos como Ranchero y las veces que mi compañia salia a terreno me pedia que lo llevara , como no si hera nuestro regalon , formado como soldado Ingeniero, como olvidar las veces que estando d3gua4dia y me tocaba controlar el rancho ahi estaba servicial y trabajadormi soldado Monares que (con respeto de la fanilia) yo le decia
    «Como esta el Rancho cuñado» el sonreia y me decia
    «Esta super Manuel»
    ¿Como manuel? Mi suboficial sera mi soldado
    Y sonreia bueno ya cuñado mi afecto hacia el era muy grande porque sabia los sacrificios que hizo para formar la planta del ejercito
    Yo ya retirado del Ejercito supe de la tragedia y cuando alguien me aviso que lo velarian en el casino de Suboficiales me vi moralmente obligado a ir a despedirlo y lagrimas de pena y admiracion rodaron por mis mejillas al verli ahi a sabiendas que de seguro dio su lucha y no abandono a su gente hasta rendir la vida
    Por eso cuando visite la roca donde dejo su ultimo halito de vida no pude contener el llanto y llore como mucho tiempo no lo hacia solo de cuando llore pouna de mis hijas muerta en un tragico atropello a la tierna edad de 6 añitos
    por eso ahora digo descanza en paz viejo y querido amigo que mas temprano que tarde seguro nos volveremos a encontrar

    MANUEL PORRAS PIZARRO

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