27. Daniel Benjamín Mardones Cuevas

Relato basado en el testimonio de su madre Petrona

Daniel Benjamín Mardones Cuevas

Daniel Benjamín Mardones Cuevas

Yo creo que Danielito fue una persona feliz. No le daba importancia a otras
cosas, las dejaba pasar, porque no era un niño soberbio ni de esos que levantan la voz. Él tenía buenos sentimientos y era muy amoroso con sus sobrinos. Cualquier cosa que se le mandaba a hacer iba altiro y de chiquitito fue muy vivaracho y despierto, además que en cualquier cosa era obediente. Se llevaba muy bien con su hermano menor, nosotros tuvimos ocho hijos en total y Daniel está entre los más chicos.
De niño siempre fue muy apegado a mí, me andaba cuidando y cuando llegaba
del colegio altiro me buscaba. Cuando se despertaba me decía que tomáramos desayuno juntos. Era muy cariñoso, me levantaba y me tomaba de la cintura, “ah me vas a botar” le decía yo y él se moría de la risa, porque me daba miedo, se convirtió en un niño con mucha fuerza. Era bueno para trabajar en el campo cuando tenía algo de tiempo, que se le hacía poco, porque estudiaba en Chillán, en el Liceo Agrícola San Rafael. Cuando estaba aquí lo que más le gustaba era jugar a la pelota, pescar, cazar y también salir con su hermano menor. El último verano trabajó en el campo para allá arriba y como nosotros somos evangélicos, ahí hablaban cosas del Señor, le predicaban hasta a los pajaritos y para mí todo eso fue maravilloso.
Sus hermanas le decían que hiciera el servicio, pero cuando quedé sola le pedí
que no se fuera. A ninguno de sus hermanos mayores les había tocado, pero un día me
dijo que ya estaba decidido. Yo no podía hacer nada, no podía ir contra su voluntad, así
es que se fue. Al tercer domingo en el regimiento fui a visitarlo y estaba ahí con otros
jóvenes evangélicos; compartió con su hermanito, conmigo y quedamos que cuando
le entregaran el arma íbamos a ir de nuevo. Fuimos con mi hijo menor, lo esperamos
harto, porque fue de los últimos que salió y después nos vinimos a Santa Bárbara.
Fue la última vez que estuvo en la casa, me da tanta pena ahora… él me decía
que quería que su casa quedara bien, no sé, como que algo presentía, pero de eso nunca
me dijo nada. El último día se despidió, se volvió a despedir de mí, salió y vi que echó
una mirada para atrás y de ahí, nunca más regresó. Me dijo que nos veríamos a su
vuelta, pero eso no sucedió.
Recuerdo que lo encontré pensativo cuando vino. A mi hijo menor le dijo que
aquí en la casa se sentía feliz, “estoy como un rey”; le conversó que allá lo pasaba mal
y que no lo dejaban dormir. Claro, lo encontré ojeroso, pero no le pregunté nada y mi
hijo menor ahora ha venido a contar lo que le dijo Daniel.
Lo que pasa es que él quería ser militar y ayudarnos a nosotros. Yo le decía que
siempre nos había ayudado. Y ahora la plata para mí es como… porque el dolor nadie
me lo va a sacar… Lo que no entiendo es cómo los llevaron en ese tiempo para arriba.
No entiendo. Por eso no quería que hiciera el servicio, porque ahora no es como antes,
cuando mi esposo lo hizo el año 49. Ahora tratan mal a los chiquillos aunque digan que
no es así.
Después lo que más me dolió es que nos mintieron tanto: los niños estaban
muertos y nos hicieron creer que estaban vivos. Yo había presentido algo cuando nos
avisaron, le dije a mi hijo menor: “No, tu hermanito ya no está vivo”. Ellos estuvieron
hasta el final esperándolo, pero yo sabía que no… que ya no…
Nunca había visto un funeral como el del Dani. Estuvo con el Presidente de la
República y fue el primero de los soldados que se trajo a Santa Bárbara. La gente, el
alcalde, todos estaban esperando con velas. Y ahora se le han hecho varios homenajes.
Tiene una placa con su nombre en el cementerio de Santa Bárbara. Y no tengo nada
que decir, los militares se han portado muy bien con nosotros, incluso fuimos a hablar
con el capitán Allende, que fue nuestro padrino y es una persona muy buena y sentimos cuando a este caballero lo trasladaron de regimiento, porque lo veía como a un hijo.
Como soy evangélica siempre hablo mucho de Dios y creo que todo lo que pasa
es voluntad de Él, por Él vivimos y morimos, eso es lo importante para mí. Nos ha
ayudado esto de ser evangélicos y con eso yo he enfrentado el dolor, la angustia… pero
lo extraño mucho.
¡Cómo un día no voy a estar junto a él!
Decidimos estar con abogado porque mis hijos me dijeron que Daniel valía
para nosotros, así es que había que aprovechar las leyes que dejó Dios en la tierra,
porque son para cumplirlas.
Dios tiene contado los días para cada persona, nadie sabe cuánto va a vivir
y sabemos que Dani ahora está en una vida mejor. Dios es el único. Los hombres no
pueden ayudarnos, no sacamos nada con contarles nuestras penas, porque Dios es el
único que las alivia. Yo soy una persona con muy poca educación, pero el Señor me da
el entendimiento y la sabiduría para comprender todo esto.

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